Mamiloca está impaciente, quiere que el viaje termine de una vez, pero ha sido tan laaargo. Dice Enaire que ha sido como un parto, algo así de grande, que cuando ha ido cambiando la casa era como un embarazo, igual. Y que al fin ha nacido la casa nueva (¡al fin!), y ahora es como un bebé, que está aprendiendo a andar, despacio.
ENAIRE
Decir adiós y disponerse a mirar hacia adelante, la vida nueva. Ir dándote cuenta de que a partir de ahora todo será nuevo y distinto, ilusión nueva, nueva vida.
Todo de golpe! En el trabajo un cambio, también. Por fin consigo un horario decente, al menos bastante mejor. Y dejo de atender llamadas! Ahora mi trabajo consiste en escuchar grabaciones, en lugar de hablar. De acuerdo que me duermo y que hay momentos en que me cuesta mantener los ojos abiertos, pero da igual, a las seis me voy, y tengo tiempo para mis cosas. Y una de mis cosas son las clases de conducir, que empiezan de repente en mitad de toda la mudanza. Salgo de casa a las siete de la mañana, vuelvo a las diez de la noche...
El altillo ya está habitado. Parece un barco. Talmente!! Como si estuviera viajando por alta mar en un camarote con su escalera marinera y todo. Ayer por fin conseguí colocar mi mesa nueva para el ordenador en la parte de abajo. Y esta mañana de domingo la estreno.
Qué de cosas!
Poco a poco, que son muchas...
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-Enaire.
-Qué.
- Que nos han dado un premio!!
Mamiloca está emocionada. Y no entiende como Enaire no para un poco y se da cuenta de las cosas, y actúa en consecuencia.
- Ha sido Tha. Tienes que darle las gracias.
- Ya lo he hecho, Mamiloca. Me falta darle un abrazo, pero es que está lejos. Y es que no tengo tiempo estos días, compréndelo!
- Es que aquí también es nuestra casa...
- Lo sé, y ya verás cuando aprenda a conducir del todo, llegaré a toda velocidad y aparcaré al lado, tan ricamente, y entonces también nosotras daremos un premio.
- A ver si es verdad. Pero Enaire, vístete ya, que viene el Pirata y tienes que ir a esperarlo!
Viene en un tren...